A partir del día 28 de enero pudimos descubrir lo siguiente: Primero. Un texto es el reflejo del escritor, donde el lector puede interpretar desde
la vida personal hasta las ideologías que posee. Segundo. El lector no es sumiso al
escritor y el escritor debe adaptarse según su público –niños, jóvenes,
adultos, etc.- y no el lector a él; quizás la única tarea del lector es
comprender completamente las intenciones que posee el texto. Tercero. El estado de ánimo es crucial para la
escritura, un escritor desilusionado puede ser bastante conciso, alejado de
este mundo e inclusive aburrido de su vida, donde la única solución para
satisfacer sus necesidades es escribir. Para resumir; cada vez que empiezas un
libro es como si te sentaras frente al autor y discutieran acerca del tema,
donde cada uno dará su opinión y dependiendo del lector, rechazara o seguirá la posición del escritor.
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